Crónicas de Caos (episodio 4)
Las velas agitaban sus luminosas coronas.
La sombra de Caos danzaba en el Muro de los Lamentos.
No sé cuándo ni cómo llegué a este templo, sólo sé que fue gracias a mi eterno salvador Caos; y me sentí feliz de que me trajera hasta aquí...
a curar mis heridas.
En la esquina del cuarto noté que yacía una silueta conocida. La Musa, que también cicatrizaba, tal vez un poco más lento que yo. Tal vez llevaba meses en ese estado.
Vi fractales naciendo de la pluma dorada de Caos, aún no distinguía el dolor en sus ojos.
Mis manos continuaban goteando placer, parecía que no despertaba aún de mi sueño azul. Era como si estuviera soñando a Caos soñándome.
Su dolor se redujo una sóla lágrima afilada, que cayó sin pudor, coloreando su fractal.
La voz de mi amigo sonó débil; iluminó el silencio con un murmullo pálido. -Para morir hay que nacer.- dijo.
-Poco a poco, los sentidos han vuelto a tu cuerpo, será cuestiónde siglos que recuperes tu silueta. Será larga la espera, pero estarás bien; debes ser paciente. Es la desventaja de ser inmortal.
Apenas pude pronuciar su nombre.
-.......Ca....Caos...
-Qué alegría que puedas por fin hablarme.
-...la Musa... se... mar...la Musa...se marchitó.
La miró por un momento. En verdad parecía que no había nada donde estaba la Musa. El fractal de ella, dibujaba un sollozo en el aire. Un sollozo casi muerto.
-Y después de mi necesitará a alguien como tú, por eso necesitas sanar. Mira, yo ya no estará para cuando ella despierte, y creo que dejé que su fractal se debilitara. Sé que la cuidarás bien.
Por un momento Caos cayó. ¿Me encomiendas el cuidado de la delicada criatura que tienes como Musa, cuando estoy malherido? Debe ser un chiste cruel.
No obstante en ese momento percibí un escalofrío indescriptible, después de lo que he vivido me di cuenta que estábamos al borde del fractal. Nunca supuse que él decidiera algo tan fuerte; pero cuando reveló lo que había planeado; sentí haberlo adivinado.
A veces Caos es muy enigmático.
-Necesito que me mates.
Al decir esto, su semblante cambió. De reflejar la luz de la luna del atardecer, pasó a ennegrecerse con sombras silenciosas, de un silencio que espanta. Sin embargo él parecía feliz.
Y aunque yo no me horroricé, no podía aceptarlo, no quería. Digamos que no entendí los motivos que él pudiera ocultar.
Caos simplemente cerró sus párpados cansados, levantó el rostro de pie ante el crepúsculo, y mayo acarició sus mejillas.
No dejaba de sonreir.
Yo me quedé sin habla.
-En aquella mesa está la púa sombría que usarás como arma. Ya sabes usarla, no es la primera vez que le coquetas a la muerte.
-...Caos...¿por qué?...
-Para morir hay que nacer .
Silencio.
-Es un trueque, yo necesito morir, tú me ayudas; tú necesitas nacer, yo te ayudo.
Silencio. Segundos, días, años. Pudo haber terminado la Era de Acuario hasta que por fin comprendí que debía hacerlo; mi alma estaba amaneciendo. Y afortunadamente mi mano ya poseía la fuerza para tomar la púa sombría, "Everlasting Spikeshadow" fue el nombre que le dimos hace tiempo.
Y entonces no hubo marcha atrás. El fractal invirtió su forma de girar, esta vez como seises apocalípticos que se retorcieron dentro del corazón de Caos.
Él alguna vez fue inmortal.
-¿Estas listo?-preguntó.
Silencio, esta vez fueron minutos. Caos no tuvo más que decir.
Y yo nunca he sido tan decidido, como para llegar a aquel extremo, los nervios explotaban dentro de mi. "Como Cristo convirtió el agua en vino, el coraje me convirtió la sangre en alcohol frío"... y el diablo convirtió el vino en agua.
Caos sólo dijo una palabra antes de que rasgara su piel con la oscuridad del arma.
-GRACIAS.- Y no dejó de sonreir.
Su cuerpo se desplomó en mis brazos.
Miré sus ojos, en ellos sólo leí paz y dicha.
-Todo está hecho. Hoy por fin vives por mi, he sido muy feliz. No le temas al dolor, terminará pronto.
Y gimoteó casi sin poder respirar; no había motivos para llenarse los pulmones de vida, pues él la dejó escapar por su herida. Yo lo maté, pero él se desangró.
-...Caos...soy...muy feliz...
-Yo también, pero por favor cierra la puerta que mi piel se congela. Ella ya no volverá.
Y entonces Caos "me habló de la conciencia y me habló del dolor, y miré la ventana y comenzó a llover". Y mi pecho se llenó de éxtasis, recordé a la Musa. Y cerré la puerta.
Caos apenas murmuró sus últimas palabras.
-Para nacer hay que morir.
Y su fractal se enredó en mis manos asesinas, esparciendo polvo de estrellas al cielo humedecido de tormentas y pintando de acuamarina el contorno de mi aura.
Le debía mucho a Caos y sólo pude pagarle cerrando el telón de su templo, antes de que el Tren del Olvido pasara por aquí.
Adiós Caos, te extrañaré.
Finalmente escuché la voz de la Musa que despertaba mientras reconocía el lugar al que había llegado sin saber cómo. Y me llamó por mi nombre.
-Caos, has vuelto a ser inmortal.
La lluvia dibujó un arco iris en mi corazón.
La sombra de Caos danzaba en el Muro de los Lamentos.
No sé cuándo ni cómo llegué a este templo, sólo sé que fue gracias a mi eterno salvador Caos; y me sentí feliz de que me trajera hasta aquí...
a curar mis heridas.
En la esquina del cuarto noté que yacía una silueta conocida. La Musa, que también cicatrizaba, tal vez un poco más lento que yo. Tal vez llevaba meses en ese estado.
Vi fractales naciendo de la pluma dorada de Caos, aún no distinguía el dolor en sus ojos.
Mis manos continuaban goteando placer, parecía que no despertaba aún de mi sueño azul. Era como si estuviera soñando a Caos soñándome.
Su dolor se redujo una sóla lágrima afilada, que cayó sin pudor, coloreando su fractal.
La voz de mi amigo sonó débil; iluminó el silencio con un murmullo pálido. -Para morir hay que nacer.- dijo.
-Poco a poco, los sentidos han vuelto a tu cuerpo, será cuestiónde siglos que recuperes tu silueta. Será larga la espera, pero estarás bien; debes ser paciente. Es la desventaja de ser inmortal.
Apenas pude pronuciar su nombre.
-.......Ca....Caos...
-Qué alegría que puedas por fin hablarme.
-...la Musa... se... mar...la Musa...se marchitó.
La miró por un momento. En verdad parecía que no había nada donde estaba la Musa. El fractal de ella, dibujaba un sollozo en el aire. Un sollozo casi muerto.
-Y después de mi necesitará a alguien como tú, por eso necesitas sanar. Mira, yo ya no estará para cuando ella despierte, y creo que dejé que su fractal se debilitara. Sé que la cuidarás bien.
Por un momento Caos cayó. ¿Me encomiendas el cuidado de la delicada criatura que tienes como Musa, cuando estoy malherido? Debe ser un chiste cruel.
No obstante en ese momento percibí un escalofrío indescriptible, después de lo que he vivido me di cuenta que estábamos al borde del fractal. Nunca supuse que él decidiera algo tan fuerte; pero cuando reveló lo que había planeado; sentí haberlo adivinado.
A veces Caos es muy enigmático.
-Necesito que me mates.
Al decir esto, su semblante cambió. De reflejar la luz de la luna del atardecer, pasó a ennegrecerse con sombras silenciosas, de un silencio que espanta. Sin embargo él parecía feliz.
Y aunque yo no me horroricé, no podía aceptarlo, no quería. Digamos que no entendí los motivos que él pudiera ocultar.
Caos simplemente cerró sus párpados cansados, levantó el rostro de pie ante el crepúsculo, y mayo acarició sus mejillas.
No dejaba de sonreir.
Yo me quedé sin habla.
-En aquella mesa está la púa sombría que usarás como arma. Ya sabes usarla, no es la primera vez que le coquetas a la muerte.
-...Caos...¿por qué?...
-Para morir hay que nacer .
Silencio.
-Es un trueque, yo necesito morir, tú me ayudas; tú necesitas nacer, yo te ayudo.
Silencio. Segundos, días, años. Pudo haber terminado la Era de Acuario hasta que por fin comprendí que debía hacerlo; mi alma estaba amaneciendo. Y afortunadamente mi mano ya poseía la fuerza para tomar la púa sombría, "Everlasting Spikeshadow" fue el nombre que le dimos hace tiempo.
Y entonces no hubo marcha atrás. El fractal invirtió su forma de girar, esta vez como seises apocalípticos que se retorcieron dentro del corazón de Caos.
Él alguna vez fue inmortal.
-¿Estas listo?-preguntó.
Silencio, esta vez fueron minutos. Caos no tuvo más que decir.
Y yo nunca he sido tan decidido, como para llegar a aquel extremo, los nervios explotaban dentro de mi. "Como Cristo convirtió el agua en vino, el coraje me convirtió la sangre en alcohol frío"... y el diablo convirtió el vino en agua.
Caos sólo dijo una palabra antes de que rasgara su piel con la oscuridad del arma.
-GRACIAS.- Y no dejó de sonreir.
Su cuerpo se desplomó en mis brazos.
Miré sus ojos, en ellos sólo leí paz y dicha.
-Todo está hecho. Hoy por fin vives por mi, he sido muy feliz. No le temas al dolor, terminará pronto.
Y gimoteó casi sin poder respirar; no había motivos para llenarse los pulmones de vida, pues él la dejó escapar por su herida. Yo lo maté, pero él se desangró.
-...Caos...soy...muy feliz...
-Yo también, pero por favor cierra la puerta que mi piel se congela. Ella ya no volverá.
Y entonces Caos "me habló de la conciencia y me habló del dolor, y miré la ventana y comenzó a llover". Y mi pecho se llenó de éxtasis, recordé a la Musa. Y cerré la puerta.
Caos apenas murmuró sus últimas palabras.
-Para nacer hay que morir.
Y su fractal se enredó en mis manos asesinas, esparciendo polvo de estrellas al cielo humedecido de tormentas y pintando de acuamarina el contorno de mi aura.
Le debía mucho a Caos y sólo pude pagarle cerrando el telón de su templo, antes de que el Tren del Olvido pasara por aquí.
Adiós Caos, te extrañaré.
Finalmente escuché la voz de la Musa que despertaba mientras reconocía el lugar al que había llegado sin saber cómo. Y me llamó por mi nombre.
-Caos, has vuelto a ser inmortal.
La lluvia dibujó un arco iris en mi corazón.
